Adolf Eichman declarándose culpable en Israel"Nunca perseguí a los judíos con avidez ni con placer. Fue el gobierno quien lo hizo. Acuso a los gobernantes de haber abusado de mi obediencia."
"Larga vida a Alemania. Larga vida a Austria. Larga vida a Argentina. Estos son los países con los que más me identifico. Tuve que obedecer las reglas de la guerra y las de mi bandera. Estoy listo."
Un año después, Stanley Milgram, psicólogo en la Universidad de Yale, se preguntaba cómo era posible que una persona común y corriente, que no tenía un especial odio hacia los judíos, hubiera podido contribuir activamente en el Holocausto sólo por haber recibido órdenes. Eichmann fue el encargado de la logística de transportes de los campos de concentración nazis y puso tanto celo en su trabajo que, incluso habiendo detenido Hitler las ejecuciones masivas de prisioneros judíos al final de la guerra, él continuó llevándolas a cabo.
Stanley MilgramA los voluntarios que se presentaron se les ocultó que en realidad iban a participar en una investigación sobre la obediencia a la autoridad. Los participantes eran personas de entre 20 y 50 años de edad de todo tipo de educación: había desde los que acababan de salir de la escuela primaria hasta participantes con doctorados.
El alumno estaría atado a una especie de silla eléctrica en una habitación contigua y conectado a unos electrodos donde sólo podría escuchar las instrucciones que le daba el otro voluntario que sería el profesor. Cada vez que el estudiante cometiera un error al memorizar una lista de palabras, recibiría una descarga eléctrica por parte del profesor, las cuales "serian un poco molestas y hasta dolorosas, pero que no ocasionarían daños permanentes".

Descarga moderada (75 a 120)
Descarga fuerte (135 a 180)
Descarga muy fuerte (195 a 240)
Descarga intensa (255 a 300)
Descarga extremadamente intensa (315 a 360)
Peligro: Descarga severa (375 a 420)
Pasados los 420 voltios había dos interruptores marcados con equis y que correspondían a 435 y 450 voltios.
Lo que los voluntarios nunca supieron es que todos, absolutamente todos, serían profesores. Esto se lograba haciendo pasar a cada voluntario junto a un actor (que también simulaba ser voluntario) previamente contratado por Milgram. Luego de un sorteo trucado, al actor siempre le correspondía ser el alumno.
Este actor ya había sido previamente aleccionado por el investigador, para que respondiera un promedio de tres veces erróneas por cada vez que lo hacía correctamente. De este modo el voltaje que el profesor creía que aplicaba al alumno iba "subiendo" rápidamente. Como era actor, podía fácilmente simular los efectos de las sucesivas descargas. Así, y a medida que el nivel de descarga "aumentaba", el actor comenzaba a golpear en el vidrio que lo separaba del "maestro" voluntario y hasta se quejaba de su condición de enfermo del corazón. Luego de quejarse a gritos de dolor, pedía el fin del experimento. Cuando llegaban a los 270 voltios gritaba de agonía, y si el maestro voluntario pasaba de este nivel y alcanzaba los 300 voltios, el "alumno" dejaba de responder a las preguntas y simulaba (mediante sonidos) ser víctima de convulsiones.
Hubo diferentes reacciones de los voluntarios durante el experimento. Cuando llegaban a darle 75 voltios, algunos se ponían nerviosos ante las quejas de dolor de su "alumno" y querían parar la prueba, entonces pedían instrucciones al hombre de la bata blanca. Le preguntaban si el "alumno" estaba bien, pero este les decía muy seriamente y con un enérgico tono de voz que siguieran, que no se preocuparan.
Aquí Milgram aprovechaba para darles la orden de que si el alumno no respondía, debía ser considerada como una respuesta errónea: “Espere de 5 a 10 segundos y si no hay respuesta aplique la correspondiente descarga eléctrica”.
Al llegar a los 135 voltios, muchos de los voluntarios se detenían y preguntaban el propósito del experimento. Había otros que decidían continuar, pero dejando en claro que ellos no se hacían responsables de las posibles consecuencias. Algunos participantes incluso comenzaban a reír nerviosos al oír los gritos de dolor provenientes de su alumno.

- El experimento requiere que usted continúe.
- Es absolutamente esencial que usted continúe.
- Usted no tiene opción alguna. Debe continuar.
Si después de esta última frase el voluntario se negaba a continuar, se paraba el experimento. Si decidía seguir, se detenía después de que hubiera administrado el máximo de 450 voltios tres veces seguidas.
Uno desde fuera tendería a suponer que el voluntario simplemente continuaría con el experimento o lo abandonaría, una de dos, según el dictamen de su conciencia. Sin embargo eso no fue esto lo que ocurrió. La mayoría continuó cuando se les aseguró que estarían excentos de responsabilidad. El 65% de los participantes (26 de 40) aplicaron la descarga de 450 voltios (la máxima), aunque muchos se sintieron incómodos al hacerlo. Todos pararon en cierto momento y cuestionaron el experimento, algunos incluso dijeron que devolverían el dinero que les habían pagado, pero ningún participante se negó rotundamente a aplicar las descargas antes de alcanzar los 300 voltios.
Fuentes y referencias:
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